domingo, 10 de noviembre de 2013

Desarrollo Sostenible: Más allá del postureo..


(Última actualización el 28/11/2013: El pasado 24 de Noviembre di una charla en el evento Tenerife Sustainability Jam, inspirada en este artículo. Para ello realicé una presentación en un programa que hasta ahora me era desconocido, el Prezi, aunque para compartirla prefiero pasarla a PDF ya que es un formato más conocido por todas. Modifiqué la presentación añadiendo como textos algunas de las cosas que no estaban escritas originalmente porque eran comentadas en persona por el que les escribe.)



Hogares sostenibles, coches sostenibles, empresas sostenibles, etc. Es un término de moda, como el "flaco" de cuando éramos adolescentes o las actuales "sinergias" y "resiliencias" que tanto abundan en las presentaciones de power point.. Pero como todos los trending topics, corre el riesgo de ser descontextualizado, vaciado de contenido. En este post trataré de arrojar un poco de claridad sobre el término desarrollo sostenible, indagando en su significado para así saber si nuestras acciones son realmente consecuentes con la expresión o si no son más que barato postureo twitero. 

Fue en 1987 cuando el desarrollo sostenible se coló en la agenda política internacional a través del Informe Brundtland, fruto de los trabajos de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas. En dicho informe se definía desarrollo sostenible como aquel que "satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades."



Esta preocupación se abrió camino a través de los siguientes encuentros internacionales como la Cumbre de Río (1992) o la de Johannesburgo (2002). Pero dado su carácter genérico, cualitativo, era realmente complicado llevarlo al terreno de la práctica, porque en el fondo es dificilísimo gestionar lo que no se puede medir, sobre todo cuando se trata de poner a todo el planeta de acuerdo. El avance de los conocimientos científicos y de las técnicas de medición en los últimos años han sido fundamentales en la búsqueda del desarrollo sostenible, ya que han aportado datos y modelos objetivos que pueden ser más fácilmente reconocidos a nivel internacional, paso previo para la gestión de los futuros cambios.

En esta línea se están desarrollando sistemas de medición para la sostenibilidad como el de límites planetarios o la huella ecológica. En este artículo me centraré en la exposición de los límites planetarios:

Hace más de 10.000 años, con el fin de la última glaciación, se inició una nueva época geológica denominada Holoceno, la cual otorgó a la humanidad unas condiciones ambientales favorables que permitieron el desarrollo de la agricultura, las poblaciones y ciudades. Es probable que antes del Holoceno los escenarios de la Tierra fuesen demasiado imprevisibles, con fluctuaciones de temperatura excesivas para que los seres humanos pudiesen desarrollarse y asentarse en un lugar.






Por el bienestar de nuestra descendencia nos convendría que el planeta se conservase en un estado parecido al del Holoceno. A medida que avanza el Antropoceno, una nueva época caracterizada por el impacto cada vez mayor del ser humano sobre los sistemas ecológicos de la Tierra, resulta más importante comprender las características fisicoquímicas y climáticas del Holoceno, como una referencia para poder interpretar los cambios que actualmente están teniendo lugar.



Con ese fin han sido identificados nueve límites planetarios de procesos biofísicos que son fundamentales para el sistema Tierra. Propuestos por el equipo de Johan Rockstrom, describen un marco donde la humanidad puede desenvolverse con seguridad y que, de respetarse, garantizaría que la Tierra pueda permanecer en un estado similar al Holoceno. Aquí va un resumen: 

  1. Cambio climático. Es indiscutible que el aumento de emisiones de CO2 desde la Revolución Industrial ha causado el aumento del efecto invernadero, que a su vez ha provocado el incremento global de las temperaturas y del nivel del mar (causado por el deshielo). Se ha propuesto un límite de 350 partes por millón de dióxido de carbono en la atmósfera para minimizar el riesgo de superar umbrales que podrían provocar catástrofes humanitarias como inundaciones de zonas costeras o hambrunas derivadas de prolongadas sequías. Este límite se ha superado, hemos llegado a las 387 ppm. 
  2. Diversidad biológica. La diversidad de seres vivos desempeña un papel sumamente importante en la dinámica de los ecosistemas y en el mantenimiento de los servicios que éstos nos aportan. En la medición de este límite se utilizó los ritmos de extinción de especies como primer parámetro indicativo de pérdida de biodiversidad. Desde los inicios del Antropoceno, el ser humano ha superado de 100 a 1000 veces el ritmo de extinción de especies sobre los índices básicos normales en la historia de la Tierra. El límite de biodiversidad sugerido ascendía a 10 extinciones al año por cada millón de especies. Este límite ha sido superado con creces. 
  3. Ciclos del nitrógeno y el fósforo. El N y el P son nutrientes fundamentales para la vida y mejoran la producción alimentaria mediante la fertilización, pero su utilización también tiene impactos sobre los bosques y paisajes, y provoca la contaminación de los cursos fluviales de las zonas costeras. La acumulación de fósforo en los océanos ha sido sugerida como una de las principales causantes a escala global de acontecimientos anóxicos (agotamiento de oxígeno bajo la superficie por exceso de nutrientes). Aunque el nivel propuesto de fósforo emitido a la biosfera no ha superado el límite propuesto, sí lo ha hecho el del nitrógeno. 
  4. Ozono estratosférico. La capa de ozono de la estratosfera filtra la radiación ultravioleta del Sol, protegiendo al ser humano y a otros organismos vivos. El límite sugerido para el ozono se ha establecido en una reducción de menos del 5% de los niveles de la capa de ozono en cualquier latitud respecto a los valores de 1964-80. Afortunadamente, debido a las medidas adoptadas como consecuencia del Protocolo de Montreal, la humanidad parece encontrarse en vías de evitar que este límite se supere. 
  5. Acidificación de los océanos. Los océanos absorben gran parte de las emisiones de dióxido de carbono que emitimos los humanos, ralentizando el cambio climático. Sin embargo esto disminuye el pH del agua, es decir, aumenta su acidez. El ritmo actual de acidificación de los océanos es muy superior al registrado durante los últimos 20 millones de años. Muchos organismos marinos son vulnerables a la acidez, especialmente los que utilizan el carbonato cálcico disuelto en el agua de mar para formar conchas o esqueletos calcáreos (como los corales o el plancton marino, base de la pirámide alimentaria marina). Para evitar que se superen umbrales de posible riesgo, se ha sugerido que el límite de acidificación de los océanos mantenga la saturación de carbonato en un mínimo del 80% del nivel medio global preindustrial. 
  6. Utilización global de agua dulce. El ser humano altera los caudales de los ríos y los patrones espaciales y estacionales de todos los demás flujos de agua dulce del mundo. El límite del planeta para los recursos de agua dulce ha de garantizar unos flujos hídricos capaces de regenerar las precipitaciones y de mantener el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y sus servicios, asegurando al mismo tiempo la disponibilidad de agua para los ecosistemas subterráneos y acuáticos. Rebasar un consumo anual de aproximadamente 4000 kilómetros cúbicos de agua dulce podría llevar a la humanidad a umbrales de riesgo a escala regional o continental. 
  7. Cambios en los usos del suelo. Los cambios de uso del suelo, generados principalmente por la expansión e intensificación agrícola, contribuyen al cambio ambiental global. Aunque casi nadie se da cuenta, el suelo que pisamos ha tardado miles de años en formarse a partir de la conocida como roca madre. Los actuales usos del suelo (deforestación, agricultura, canteras, etc.) provocan su rápida desaparición por erosión, quedando un suelo desnudo y estéril. Se propone que el límite de este cambio se establezca en un máximo del 15% de la superficie mundial de tierras libres de hielo transformadas en cultivo. Actualmente esa cifra ronda el 12%. 
  8. Contaminación atmosférica por aerosoles. La contaminación por aerosoles aumenta la concentración atmosférica de partículas en suspensión, como polvo, hollín o líquidos pulverizados, y a nivel regional altera los monzones y tiene efectos nocivos para la salud. El conocimiento actual sobre el comportamiento de los umbrales globales de los aerosoles es todavía deficiente, por lo que aún no se ha sugerido ningún límite planetario. 
  9. Contaminación química. Incluye compuestos radiactivos, metales pesados y una amplia gama de compuestos orgánicos de origen humano, que afectan negativamente al buen estado de los ecosistemas y que están presentes actualmente en el ambiente de todo el planeta. Sus posibles umbrales de riesgo son desconocidos en su mayor parte, y aunque se dispone de amplia evidencia científica sobre determinados compuestos, faltan análisis agregados a nivel global, por lo que es demasiado pronto para sugerir un límite para este tipo de contaminación. 

En la sociedad no hay ecosistemas sin personas ni personas que no dependan del funcionamiento de los ecosistemas. Debemos transmitir la idea de que ambos están relacionados indisolublemente. Este enfoque de los límites planetarios nos permite comprender la importancia del buen funcionamiento del sistema Tierra y de sus ecosistemas (biosfera) para el bienestar humano. Dicha comprensión nos permitirá además realizar una buena gestión de nuestras actividades para no comprometer nuestro futuro ni el de las generaciones venideras.



En conjunto, los nueves límites planetarios pueden representarse como si formasen un círculo, y el grupo de Rockstrom ha denominado al espacio que queda en su interior la “zona segura de actuación para la humanidad”. Sus primeros cálculos indican que al menos tres de estos límites ya han sido superados –cambio climático, ciclo del nitrógeno y pérdida de biodiversidad- y que la presión sobre los recursos nos está acercando rápidamente hacia el límite global estimado para otros cuantos.


Hemos sobrepasado tres límites del techo ambiental



El concepto de nueve límites planetarios además desafía la interpretación tradicional de economía y medio ambiente. Mientras que la economía tradicional trata la degradación ambiental como una “externalidad” que normalmente queda fuera de los costes de las empresas, los científicos de la naturaleza han puesto patas arriba este enfoque y han propuesto un conjunto de límites cuantitativos a la explotación de los recursos, dentro de los cuales debería operar la economía global si queremos evitar traspasar unos puntos críticos de no retorno para el sistema Tierra. Esto límites no se describen con indicadores monetarios sino con un sistema de medidas naturales fundamental para garantizar la viabilidad de la humanidad y permanecer en un estado similar al holocénico.



Indudablemente el bienestar humano depende de que la explotación de los recursos se mantenga por debajo de los umbrales naturales críticos, pero también depende de que cada persona pueda acceder a los recursos necesarios para llevar una vida digna, con posibilidades de desarrollarse.



Para la economista Kate Raworth, al igual que existe un límite máximo en el uso de los recursos, un “techo ambiental” por encima del cual la degradación ambiental sería inaceptable, existe también un límite mínimo, un “suelo social” por debajo del cual se llega a una privación humana inaceptable. Teniendo en cuenta el alcance de la pobreza y la desigualdad extrema existente en el mundo actual, garantizar ese mínimo social de derechos humanos a todas las personas debe constituir una prioridad.



Las urgencias sociales más planteadas por los gobiernos en el proceso preparatorio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Río+20, indicaron las preocupaciones compartidas a nivel internacional. Un análisis de estas propuestas revela que más de la mitad planteaba 11 prioridades sociales: carencias de alimentos, de agua, de sanidad, de ingresos, de educación, de energía, de trabajo, de participación, de igualdad de género, de igualdad social y de resiliencia ante los impactos.



La Humanidad en su conjunto no alcanza ninguno de los 11 mínimos sociales



Entre el suelo social de derechos humanos y el techo ambiental de límites planetarios, queda un espacio, con forma de donut, donde la humanidad puede moverse de forma segura, tanto desde el punto de vista ambiental como desde el punto de vista de la justicia social. 



Vivir dentro del "donut", el verdadero desarrollo sostenible



Al igual que los estudios de Rockstrom estimaron que la humanidad ya había traspasado al menos tres de los límites planetarios, es posible también cuantificar la situación de la humanidad respecto al suelo social. Una primera evaluación basada en datos internacionales indicaría que la humanidad está cayendo muy por debajo de este suelo social en ocho aspectos para los que contamos con indicadores comparativos, es decir, todos los citados anteriormente menos la participación, el empleo y la resiliencia, cuyos indicadores aún están en fase de elaboración. Por ejemplo, aproximadamente el 13% de la población está desnutrido, el 19% carece de acceso a la electricidad y el 21% vive en situaciones de extrema pobreza de renta. 



Muchos millones de personas siguen viviendo en una situación de privación atroz, muy por debajo del límite social. Sin embargo, la humanidad en su conjunto ya ha traspasado varios de los límites planetarios. ¿Cómo es posible? Obviamente la profunda desigualdad social a nivel internacional nos da la respuesta. 






El excesivo nivel de vida del 10% más rico de la población mundial y un modelo de producción basado en un elevado consumo de recursos de las empresas que producen bienes y servicios para nosotras, esta minoría del Primer Mundo, son las que están llevando a la humanidad al borde del abismo ambiental y social. El 10% más rico de la población mundial acapara el 57% de los ingresos mundiales. Tan solo el 11% de la población mundial genera alrededor de la mitad de las emisiones de CO2. Y una tercera parte del cupo sostenible de nitrógeno usado a nivel mundial se destina a la producción de carne para la Unión Europea, que representa solamente el 7% de la población mundial, por citar sólo algunos datos...



Y lo peor de todo es que el 90% de la población mundial que poco ha participado en la superación de los límites ambientales se ve abocada a la destrucción de sus recursos naturales en su intento legítimo de sobrevivir. Si bien nosotras hemos disparado ya tres límites ambientales, la falta de acceso a la energía por parte de la población pobre les condena a obtenerla de la madera de sus bosques; el nulo acceso a la tecnología de los países ricos hace que sus industrias sean muy contaminantes e ineficientes; los bajos ingresos, la carencia de servicios sociales básicos, lleva a la población pobre a tener familias numerosas como única forma de asegurarse el futuro, aumentando la presión sobre su medio ambiente. 



Sólo respetaremos los límites ambientales y sociales, y por lo tanto, daremos una oportunidad a las generaciones futuras, si acabamos de una vez por todas con el desigual reparto de la riqueza a nivel mundial. Y no se trata de llegar a un punto medio entre nuestro consumismo occidental y la pobreza tercermundista. Es mucho más lo que nosotras tenemos que ceder que lo que ellas tienen que ganar. Según organismos internacionales, existen los recursos para conseguir que la población mundial alcance el suelo social anteriormente descrito: Proporcionar las calorías adicionales necesarias para el 13% de la población que padece hambre solo requeriría el 3% de la producción actual de alimentos a nivel mundial. Hacer llegar electricidad al 19% de la población que carece actualmente de ella podría lograrse utilizando una combinación de tecnologías con un incremento de tan solo el 1% de las emisiones mundiales de CO2. Acabar con la pobreza económica extrema del 21% de la población que vive con menos de 1,25 dólares al día solo requeriría el 0,2% de los ingresos mundiales actuales.



Somos nosotros, los habitantes de los países industrializados (estoy obviando conscientemente las desigualdades internas en nuestros países, eso sería motivo de otro post..) las que tendríamos que cambiar radicalmente nuestros estilos de vida. Entre otras muchas actuaciones para alcanzar un desarrollo sostenible, deberíamos: 

  • Desplazarnos menos. No es sostenible que tengamos que desplazarnos diariamente decenas de kilómetros para ir a trabajar, ni que tengamos que coger un avión al mes por los motivos que sean. Un viaje Tenerife-Madrid ida y vuelta emite 670 kg de CO2 por persona, la misma cantidad que emite (por consumo) un habitante de Cabo Verde en un año. El transporte privado debería ser reducido a la mínima expresión, las emisiones de CO2 debidas a la construcción de esos medios de transporte así como a la quema de los combustibles fósiles no hace más que acelerar el fin del Holoceno. 
  • Consumir menos electricidad. Deberíamos acostumbrarnos a pasar frío en invierno y calor en verano. Hemos conseguido que casi todas nuestras rutinas diarias necesiten energía eléctrica para ser realizadas, sobre todo las relacionadas con el ocio y el tiempo libre. Actualmente la producción de electricidad proviene de la quema de combustibles fósiles, por lo que al igual que con el transporte, no hacemos más que sobrepasar el límite ambiental del cambio climático. Las renovables no son una solución, ya que no podrían satisfacer una demanda energética cada vez más creciente. Hay algo más “progre” que las renovables: no consumir energía innecesaria. 
  • Consumir menos materiales. Dada la urgencia del cambio climático, solemos creer que las emisiones de CO2 son el único problema medioambiental a resolver. Pero nada más lejos de la realidad, el consumismo desaforado es devastador para los recursos naturales no renovables que utiliza y para los renovables por su sobreexplotación. Los coches “ecológicos” eléctricos son insostenibles nada más salir de la fábrica, dan fe de ello los metales raros y aleaciones cuya extracción destruye ecosistemas naturales enteros. El Toyota Prius, los muebles, los productos de limpieza, belleza, ropa, plásticos, las cosillas del catálogo del Media Markt, etc. no salen de la nada: Paisajes naturales convertidos en minas, bosques talados para la madera y para cultivar algodón, son el precio que la naturaleza paga por nuestro consumo. 
  • Comer menos carne. Los productos cárnicos que tanto hemos incorporado en las últimas décadas producen una gran huella ecológica: Consumen muchos recursos hídricos y gran parte de la superficie cultivable no se destina al consumo humano, sino a producir piensos para el ganado. No se trata de pasar hambre, la cuestión es que no necesitamos incorporar tantas proteínas animales a nuestra dieta, este superávit actualmente está provocando problemas de salud pública además de los medioambientales. 

  • Huella ecológica de distintos tipos de alimentos
  • Vivir en vertical. Aunque parezca raro, vivir en un pequeño piso en una ciudad es lo más respetuoso con el medio ambiente, ya que no consume tanto suelo como vivir en casas terreras o chalets, además de tener los suministros de servicios (agua, electricidad, transporte) más concentrados. Lo de la casita en el campo suena fantástico, pero no es sostenible. 
  • Generar menos residuos. La mayoría de los recursos naturales renovables y no renovables que consumimos los transformamos en residuos al cabo de poco tiempo. Si ya el explotar esos recursos genera un impacto brutal en los ecosistemas, la generación de basuras supone un impacto añadido, dado que difícilmente son asimiladas por los mismos. Los vertederos no paran de ampliarse periódicamente, y el gran basurero llamado océano nos recuerda constantemente en las playas que esa no es su función. 

Seamos honestas, no somos sostenibles. Consumimos más recursos de los que se generan de forma natural, contaminamos más de lo que el planeta puede asimilar. En algunas situaciones lo hacemos con total conciencia y libertad (vivienda, alimentos, consumo..), pero en otras ocasiones no depende de nosotras (estilos de vida impuestos, obligatoriedad de coche para trabajar, de tecnología…). Parece un discurso pesimista, pero no es esa mi intención. Creo que reconocer nuestra insostenibilidad es el primer paso para cambiar la situación. Peor sería, como ocurre habitualmente, que la gente se crea sostenible por separar la basura o apagar la luz una vez al año de manera simbólica.



Obviamente cambiar todas esas pautas que he citado anteriormente supondrían transformaciones en algunos casos traumáticas. ¿Te verías comiendo una o dos veces a la semana carne? ¿Te verías sin coche? Imagínate la vida sin coger un avión. Sin tantos aparatos eléctricos. Sin el PC con el te que escribo o sin el smartphone con el que me estás leyendo. ¿Te imaginas con la décima parte de ropa, sin tantos regalos en Navidad?



Deberíamos plantearnos si todas esas cosas son fundamentales en nuestra vida. ¿Nos realizan, hacen sentirnos felices? En estos tiempos de incertidumbre la gente está empezando a valorar otro tipo de cosas que están perdiendo: Trabajo, sanidad, educación, calidad de vida... Tal vez aquí encontremos la clave.


Con este repaso he querido que vieras dónde nos encontramos. Ahora es tarea de todas nosotras definir qué es lo más importante. Para nosotras, para las que vendrán, pero sobre todo para la mayoría de la humanidad que a día de hoy vive en condiciones indignas.

(¿Cómo podríamos conseguir el objetivo del desarrollo sostenible? ¿Qué tipo de medidas crees que serían las más efectivas: individuales, colectivas, gubernamentales? Me gustaría que complementases el artículo con las aportaciones que pudieras hacer en los comentarios justo aquí abajo, te lo agradecería!)

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